Tartamudez en niños

Es difícil como padres aceptar los problemas de nuestros hijos, los queremos perfectos y felices; verlos sufrir y limitados causa frustración; pero esta es una de las labores de los padres: aceptar a nuestros hijos como son y no intentar que sean como nos gustan.

Por eso es conveniente no corregirle ni obligarle a hablar bien. Es recomendable ignorar su tartamudeo y por contra charlar con él cuando se le ve hablando con normalidad. Es importante no exigirle lo que está por encima de sus posibilidades.

Los niños suelen recuperarse del tartamudeo sin mayores esfuerzos. Mientras que la tartamudez es corriente entre los más pequeños se hace más rara con la edad.

Cuando se convierte en un problema hay que acudir a un profesional que lo trate. Se puede consultar a un logopeda, le ayudará a pronunciar las letras y las palabras en las que tiene mayor dificultad lo que puede darle confianza para sentir el control de su aparato fonador y le resolverá el problema. Si no te da resultado acude a un psicólogo, dará un tratamiento más global a las complicaciones de ansiedad, y las personales y familiares que se hayan articulado alrededor del tartamudeo.

Es necesario que se diagnostique la tartamudez lo antes posible, para que el niño pueda desarrollarse y tener una evolución más completa.

Puede ser difícil distinguir entre la disfluencia que es parte normal del desarrollo y las primeras señales de tartamudez.

En general, los niños con disfluencia normal parecen no estar conscientes de ella y no muestran sorpresa o frustración ante sus errores. Las reacciones de los padres suelen ser más diversas. La mayoría de los padres o no notan estas faltas de fluidez en sus hijos o las consideran normales.

Algunos padres, sin embargo, pueden mostrar extrema sensibilidad al desarrollo del lenguaje de sus hijos y preocuparse innecesariamente por lo que es un comportamiento normal. Estos padres, los preocupados en exceso, sacarían provecho de acudir a un foniatra – logopeda o terapeuta del habla – para que evalúe al niño y los asesore.

Puede ser difícil distinguir entre la disfluencia que es parte normal del desarrollo y las primeras señales de tartamudez.

Por consiguiente, el diagnóstico de la tartamudez es casi siempre provisional y se basa tanto en la observación directa del niño como en la información que proporcionen los padres respecto a cómo éste se expresa en diferentes situaciones y momentos.

La disfluencia normal

Entre los 18 meses y los siete años de edad, muchos niños atraviesan períodos de disfluencia del lenguaje vinculada a sus esfuerzos por aprender a hablar. Los niños de entre 18 meses y tres años de edad con disfluencia normal suelen repetir los sonidos, las sílabas y las palabras, casi siempre al iniciar una oración. Por lo general, esto ocurre en una de cada diez oraciones.

Después de los tres años de edad, el niño con disfluencia normal no suele repetir sonidos o sílabas sino palabras (“No-no-no puedo.”) y frases completas (“No puedo-no puedo-no puedo ir”.) También es común que usen “expresiones de relleno” como “eh” y “um”, que cambien de tema en medio de una oración, que se corrijan y que dejen oraciones sin terminar. Los niños normales pueden manifestar disfluencia en cualquier momento, pero ésta tiende a aumentar cuando están cansados, entusiasmados, agitados, o se les está apurando para que hablen. También pueden perder fluidez cuando hacen o contestan preguntas.

La falta de fluidez de estos niños puede hacerse más frecuente por varios días o semanas o casi desaparecer por semanas o meses y después reaparecer.

En general, los niños con disfluencia normal parecen no estar conscientes de ella y no muestran sorpresa o frustración ante sus errores. Las reacciones de los padres suelen ser más diversas. La mayoría de los padres o no notan estas faltas de fluidez en sus hijos o las consideran normales.

Algunos padres, sin embargo, pueden mostrar extrema sensibilidad al desarrollo del lenguaje de sus hijos y preocuparse innecesariamente por lo que es un comportamiento normal. Estos padres, los preocupados en exceso, sacarían provecho de acudir a un foniatra – logopeda o terapeuta del habla – para que evalúe al niño y los asesore.

La tartamudez leve

Al igual que la disfluencia normal, la tartamudez leve puede hacerse más evidente cuando el niño comienza a formular frases de dos palabras. Los niños con tartamudez leve pueden demostrar las mismas repeticiones de sonidos, sílabas y palabras que los niños con disfluencia normal, pero suelen repetirlos más a menudo en general y más veces en cada ocasión que lo hacen.

Pueden, por ejemplo, parpadear o cerrar los ojos, mirar hacia un costado o tensar la boca al tartamudear. Otro signo de tartamudez leve es la persistencia cada vez mayor de las trabas normales. Como se dijo anteriormente, las faltas de fluidez normales suelen surgir por unos días para después desaparecer.

La tartamudez grave

Los niños con tartamudez grave dan muestras de gran tensión, esfuerzo físico y lucha por esconder su tartamudez y pueden incluso evitar hablar. Aunque la tartamudez grave es más común entre los niños mayores, puede surgir en cualquier momento entre el año y medio y los siete años de edad. En algunos casos, aparece después de un período de tartamudez leve de meses o hasta años de duración. En otros casos, surge de repente, sin que la preceda un período de tartamudez leve.

La tartamudez es un trastorno complejo, de etiología multifactorial, donde se requiere la ayuda de especialistas en el área, pero sobre todo se necesita el apoyo de la familia.

 

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